Se comenta que un ejército de pequeños agujeros negros podrÃa terminar con nuestro planeta antes de que finalice 2008. La preocupación ha nacido tras el comienzo de las operaciones del LHC (siglas en inglés para Gran Colisionador de Hadrones), el instrumento cientÃfico más grande que se haya construido jamás, y que promete dar luz sobre algunos de los más recónditos secretos de la naturaleza.
El LHC, montado en la frontera franco-suiza, es un túnel circular de más de ocho kilómetros de diámetro en el que se acelerarán protones (núcleos atómicos de hidrógeno) a enormes velocidades para luego hacerlos chocar frontalmente. Â
Algunos han sugerido que estas colisiones, al concentrar una gran cantidad de energÃa en un volumen tan pequeño, podrÃan producir minúsculos agujeros negros. Éstos comenzarÃan a crecer alimentándose de nuestro planeta, tragándoselo poco a poco como voraces termitas, hasta que finalmente la Tierra, convertida en una especie de queso suizo cósmico, colapsarÃa en un agujero negro de menos de dos centÃmetros de diámetro.
¿Tienen estas especulaciones alguna base cientÃfica confiable? La respuesta es categórica: duerma tranquilo, no la tienen.
Pero comencemos por lo esencial. ¿Para qué queremos producir esos violentos choques de protones?Â
Para describir el mundo subatómico, la fÃsica dispone del asà llamado “Modelo Standard”, teorÃa que describe las partÃculas elementales y a tres de las cuatro fuerzas fundamentales (electromagnética, nuclear débil y nuclear fuerte. No incluye la gravedad). Este modelo predice la existencia de una partÃcula que jamás se ha observado: el Higgs. Es éste el responsable de conferir masa a todo el resto de las partÃculas. Si la teorÃa es correcta, entonces los experimentos del LHC deberÃan ser capaces de cazar al hasta ahora escurridizo Higgs.
No es fácil observar partÃculas elementales. La mayorÃa vive un tiempo muy corto antes de transformarse en otras. Además, producirlas no es gratuito. La famosa ecuación de Einstein (E=mc2) dice que la masa es una forma de energÃa. Y la energÃa es la moneda de cambio de la naturaleza. Las partÃculas más pesadas son más caras. El Higgs es una partÃcula muy pesada en la escala subatómica. Se piensa que debe pesar al menos 100 veces el peso de un protón. Es por eso que para crearlos el LHC acelerará protones a velocidades cercanas a la de la luz, que llevan consigo mucha energÃa (energÃa cinética, o de movimiento) y asà la colisión tenga la chance de producir, entre otras cosas, algunos Higgs.
¿Pero cómo sabemos que no se crearán también agujeros negros? Si usamos las teorÃas más conservadoras y universalmente aceptadas llegaremos rápidamente a la conclusión de que, precisamente debido a la debilidad de la fuerza gravitacional,  la energÃa no será suficiente.
Sin embargo, dejémonos llevar un momento por ideas contemporáneas más especulativas.
Ya dijimos que la gravedad no es parte del Modelo Standard de partÃculas elementales. Para la gran mayorÃa de los fenómenos esto no importa. En el mundo subatómico ésta no juega ningún papel relevante precisamente por su debilidad respecto de las otras fuerzas. Por otra parte, en el contexto cosmológico, donde la gravedad resulta ser crucial, son los efectos de las otras fuerzas los que se pueden despreciar. Sin embargo hay una pequeña pero importante excepción: la primera fracción de segundo después del Big-Bang.Â
Entonces el universo era muy denso y caliente, y en estas condiciones extremas todas las fuerzas eran igualmente relevantes. Para comprender lo que sucedió allÃ, necesitamos por lo tanto una teorÃa unificada que describa simultáneamente las cuatro fuerzas. Su construcción es uno de los grandes problemas cientÃficos del siglo XXI. Por ahora hay sólo algunas candidatas. La más popular es la “teorÃa de cuerdas”. Curiosamente, en ésta el espacio tiene nueve dimensiones: en lugar de las tres que vemos, habrÃa seis más, enrolladas, imposibles de notar a simple vista. De existir estas dimensiones, entonces habrÃa una explicación para la debilidad de la fuerza gravitacional: ésta se filtra, se escabulle por las dimensiones escondidas. PartÃculas que colisionan a altas energÃas podrÃan experimentar las otras dimensiones, sintiendo una fuerza gravitacional mucho más fuerte, lo que les permitirÃa producir agujeros negros.
Y si asà fuera ¿serÃa peligroso? No, ya que de acuerdo a una teorÃa bastante aceptada -elaborada por Stephen Hawking-, estos agujeros negros se evaporarÃan en una fracción pequeñÃsima de tiempo, convirtiéndose en luz y otras partÃculas.
Pero ya que estamos especulando, pongámonos en el peor escenario: ¿qué sucederÃa si existen esas dimensiones extras pero la teorÃa de Hawking es incorrecta? Bueno, tampoco hay de qué preocuparse. El LHC hará, en condiciones controladas, lo que la naturaleza ya ha hecho por miles de millones de años. La Tierra y todos los astros que observamos son bombardeados continuamente por rayos cósmicos de energÃas que superan con creces a las que podemos producir en el LHC. Si estas colisiones fueran peligrosas, muchas de las estrellas que observamos ya hubiesen sido digeridas por estas hordas de hambrientos agujeros negros. Pero afortunadamente aún están allÃ, mostrándonos que, después de todo, el cosmos sigue siendo un lugar seguro para vivir.
Ancelot Ciencia gran colisionador de hadrones, LHC